Yo, Fernanda Macedo O., encontré en este espacio no solo un refugio, sino una grieta por donde dejar escapar todo aquello que he guardado en silencio, esa parte de mí que jamás tendrá rostro en público ni voz frente a otros. Hoy dejo de disfrazarlo: durante mucho tiempo utilicé mi propio cuerpo como herramienta, como moneda silenciosa para inclinar voluntades a mi favor, ya fuera entre amigos, en la familia o en el trabajo. No lo digo con orgullo ni con vergüenza absoluta, sino con la crudeza de quien empieza, apenas, a mirarse de frente. He atravesado experiencias que rozan lo increíble, situaciones que muchos negarían sin dudar. Algunas de ellas nacen de decisiones, otras de contextos que me marcaron desde demasiado temprano. No busco justificar ni detallar cada sombra, sino mostrar fragmentos, destellos incómodos de una historia que empezó mucho antes de que pudiera entenderla del todo. Esto no es una confesión completa. Es apenas es el principio.